Lista de
alumnos
((gracias a Álvaro Carlos Otero y
Ángel Osvaldo Marco que nos la recordaron)
5to 5ta 60
ALPERIN
Horacio
BATTAGLIA
Rodolfo
BIEDERMAN
Carlos
CAFFERATA
Oscar
CARPINETTI
Carlos
CELA
Eugenio
DEMARTINI
Luis
DURAZZO
Jorge
FACILE
Juan
GARCIA
GUIÑAZÚ Carlos
GARCIA
HEGUIZ Alejandro
GRISTIN
Elias
HIRSH
Carlos
IMBERT
Herman
JUAREZ
Eduardo
KAZIMIERSKI
Bernardo
LO
RUSSO Carlos
MARCUS
Alberto
MARSIGLI
Adolfo
MARSIGLI
Eduardo
MARTESE
Antonio
MARTINES
Ricardo
MASETTO
Rodolfo
MEDINA
Fernando
MELINSKY
Jorge
|
MILLET
Mario
MOSQUERA
Sergio
MUCHENIK
Jorge
NARVAEZ
Eduardo
NIKOTIAN
Marcos
OTERO
Alvaro C.
PELUSO
Jorge
PESTARINI
Jorge
PETTOVELLO
Rodolfo
PORRINI
Anibal
PORTALUPPI
Angel
RODRIGUEZ
Alfonso
ROJKIN
Manuel
SABORIDO
Jorge
SANZ
Fernando
SMIRNOFF
Horacio
SPAGNOLO
Juan
TORNESE
Carlos
TOSCANO
Luis
TRIGO
Victor
VIGO
Celso
VILLAR
Julio
VODOVOTZ
Horacio
|
5to 1ra 60
ALVAREZ Néstor M.
AMBROSINI Hugo L.
ARIAS Norberto
BALDI Eduardo
BARNES, Hugo Néstor
BAROZZI Rodolfo
BEYLIS Rodolfo H
CARELLI Gustavo
CASTILLO Oscar
CIRILLO Alfonso
COSTELLO Jose M
DAMONTE Roberto
DE BONIS Miguel
BUONO Carlos A de
DICK César
FERNANDEZ Carlos
FERNANDEZ GARCIA Carlos
FERNANDEZ Raul
GALACH Pablo
GARCIA Adrián
GROSSI Enrique
GULIZIA Miguel S
GULLONE Fortunato
KALYNA Pablo
LAMADRID Juan José de,
|
LINZUAIN Norberto
LOZANO Ricardo
MAGGIORE Carlos
MARCO Angel
MEDINA Marcelo
NAPOLI Roberto
NOGUERA Guillermo
PEDEMONTE Eduardo
PEGNEGUY Pedro
PENNA Julio
PIANTONI Guido
PICCARDO Rafael
PORCEL Raul M.
RICHINO Carlos
RILLO Jorge
ROMI Juan
SERRANO Mario
SCERVINO Julio
STAMBOLSKY Luis
TOMIOZZO Enrique
TOMIR José
|
Anécdotas
e Historias que nos envió Álvaro Carlos Otero:
El 5 de agosto, sin previo aviso, dos ex alumnos que este
año cumplimos nuestro cincuentenario como bachilleres
caímos a eso del mediodía en Condarco y Bacacay con el
propósito de realizar una visita.
En los tiempo sen que estudiamos en el Urquiza se
vivían menos complicaciones que hoy. Por la calle Bacacay (no se
rían) iba un tambero trashumante con sus vacas. Entrega leche
literalmente recién ordeñada en cada una de las casas de
su clientela.
Fuimos recibidos por la vicerrectora, quien nos puso en manos
de una profesora de Matemáticas y ex alumna de la casa, que se
convirtió en nuestra guía en un tour por el colegio que
no fue sólo nostalgioso. No confirmé su nombre al
concluir la visita para no ser confundido con un lancero, aunque la
señora estaba diez puntos.
Comprobamos que el colegió, pese a todas las
contrariedades de la educación pública en el medio siglo
que pasó desde nuestra salida del Colegio ha sido objeto de
inversión. Cierto, el mobiliario de hoy dista bastante del que
conocimos en aquellos tiempos, que era de hierro forjado y maderas
duras, pero cumple su función. Se ha construído mucho
desde la estructura original, ahora hay gimnasios que hacen innecesario
ir al club DAOM como en nuestros tiempos, allí en el bajo
Flores, cerca del Cementerio.
Ya no existe la reja y el portón por el que
entrábamos: allí funcionan ahora la rectoría, la
sala de profesores y una serie de oficinas. Hay mapoteca, biblioteca,
sala de computación. En el patio hay un homenaje a una alumna
muerta en ocasión de un aborto; se trata de un mural de estilo
bien popular.
Los chicos probablemente no lo comprenden a fondo por su
edad, pero el Urquiza, y todos los secundarios, son una vía para
el ascenso personal y social. Tanto el arquitecto Ángel Osvaldo
Marco como yo estamos finalizando nuestras carreras, que han sido
buenas en gran parte gracias a las herramientas que nos dio el Colegio
Nacional Urquiza.
Ese que nos recibió de vuelta muy afectuosamente el 5
de agosto de 2010, cincuenta años después, y nos puso en
las mejores manos para guiarnos.
Álvaro Carlos Otero
(5º5ª 1960)
y otra:
La
rebelión de 2do 6ta
El Urquiza había
funcionado en Carabobo casi esquina José Bonifacio. Se trataba
de un edificio viejo y mal mantenido, que en sus tiempos había
albergado un prostíbulo o cosa de esas bajo el elegante nombre
de Sans Souci.
El edificio estaba
tan en ruinas que los alumnos, aún en el gobierno de Juan
Domingo Perón, salieron a la calle para protestar. Era 1955, y
el gobierno afrontaba problemas serios con la Iglesia, los partidos de
izquierda (que atravesaban una etapa de gran popularidad), el
radicalismo y varias fuerzas más.
Los estudiantes no
tenían nada que ver con esas fuerzas, pero cometieron un acto
imprudente: salir a la calle por el cambio de edificio, y
después en defensa del rector del colegio, el “Oso”
Viberti, un profesor de dibujo y artista muy popular entre los
jóvenes. Lo habían desplazado y suspendido a raíz
de las primeras manifestaciones.
Encabezados por
Leonardo Gleyser (quien posteriormente hizo una brillante carrera
periodística en TV) y otros los muchachos marcharon por la
Avenida Carabobo hacia Rivadavia reclamando la vuelta del
“Oso”. De paso reclamaban de nuevo el cambio de edificio,
porque el inmueble de Carabobo y Bonifacio se estaba viniendo abajo.
Carabobo estaba partida al medio por un boulevard en el que
había enormes tipas, que la convertían en una hermosa
avenida.
Era un edificio
magnífico, con jardines por sus cuatro costados, que ocupaba un
cuarto de manzana. Una ubicación privilegiada, cercana a varias
líneas de tranvías. Cuando se fue el Urquiza, en el ex
prostíbulo instalaron un colegio de señoritas. Vaya
destino.
Esto habrá
sido en julio o agosto de 1955. En septiembre Perón fue
desalojado del gobierno por un golpe militar. El rebelde Urquiza fue
premiado con el traslado a un edificio originalmente preparado para una
escuela primaria, el de la calle Condarco que todavía ocupa.
Todo era para la
primaria, incluyendo los pupitres. Construidos en madera dura eran
fijos en inflexibles. El primer año todo anduvo más o
menos bien, pero ya en el segundo se hizo evidente que era poco envase
para jóvenes en crecimiento acelerado.
Otra vez en agosto
comenzó el disturbio una mañana en 2º 6ª. Ante
la sorpresa de los propios compañeros, los grandotes del fondo
(que ciertamente pasaban todos de 1,75 para envidia de nosotros, los de
más adelante que todavía no habíamos dado el
estirón y que jamás llegamos a esas alturas) acumularon
pedazos de algarrobo en el frente.
Al comienzo, los
residuos de pupitres llegaban apenas hasta la canaleta de las tizas.
Cuando los menos
desarrollados comenzaron a aportar sus propios restos de pupitres, la
cosa se puso espesa. Un profesor, un hombre de unos 40 años, dio
su clase como si nada pasase. Cuando le tocó a la profesora de,
digamos, Botánica, la mujer palideció, dijo que la clase
no estaba en condiciones y se volvió a la sala de profesores.
Apareció el
jefe de celadores, bajito y muy gordo, un hombre como de 50
años, cuyo apellido era D’Alessio, y cuyas señas
particulares eran tener constantemente en la boca un pucho de toscano
“Avanti”, en aquel tiempo muy de moda entre los inmigrantes
italianos que iban quedando. Había estado en el Colegio cuando
la insurrección del 55, y debe haberse asustado por la
posibilidad de que la cosa escalase a alturas de escándalo, como
aquella vez.
“She
equivocaron, sheñores”, dijo D’Alessio indignado
ante la acumulación de restos. “No she trata así la
propiedad del Minishterio”. En aquel entonces la educación
estaba en jurisdicción nacional.
Romeo Pironi, que
era hijo del dueño de una de las confiterías más
importantes de Flores de aquel entonces, intentó explicarle con
sus limitaciones de lenguaje que no se podía mantener ese
equipamiento con los físicos actuales de los alumnos. D'Alessio
reaccionó tomándole el pelo a Romeo, y diciéndole
que tomase sus útiles y fuese a la dirección. Pironi lo
tomó muy a mal, y se dejó llevar por su talante
peninsular: al pasar al lado de D’Alessio con la pesada carpeta
de fibra negra que servía para las diez materias del curso le
dio un golpe en la cara. D’Alessio se tragó el pucho. Hubo
que separarlos, porque Pironi quería seguir dándole.
No salimos en los
diarios. No había canales de noticias de 24 horas, ni siquiera
mandaron una cámara para ver qué pasaba. Es decir, no se
hizo el escándalo que podría haberse suscitado hoy. Es
más, para el colegio, su rector, nuestros padres y el resto de
la sociedad, éramos culpables, sediciosos. No era para
meternos en cana, es más, teníamos razón, pero la
manifestación nos costó 13 amonestaciones colectivas, que
después se hicieron esta anécdota y nada más.
Nos sancionaron
eliminando la división 6ª; los alumnos fuimos divididos en
dos grupos: de la A de Albini hasta la M de Martínez fueron
destinados a 3º 1ª, de la N de Nicotian en adelante hasta la
Z de Zancanaro a 3º5ª. Dijeron que no había espacio
para mantener la división. Quedaron dos grandes grupos de
más de 40 alumnos cada uno.
Pero nos
quedó la satisfacción de que D’Alessio se tuvo que
tragar su maloliente toscano, y Romeo Pironi, con un físico
parecido al del sargento García, acabó asumiendo las
características de El Zorro.
Álvaro Carlos Otero
Álvaro
también nos cuenta los siguiente:
Hice una
pequeña búsqueda en Internet. Los mellizos Marsigli, por
lo que yo sabía, se recibieron como médicos en la UBA.
Ahora
aparecen dos Marsigli en Rocky Mount, North Carolina, uno de ellos
Adolfo y el otro Eduardo. Adolfo está especializado en
traumatología, ortopedia u osteología, y Eduardo en
medicina del deporte. Ambos figuran en el staff del Nash General
Hospital. Ambos están recibidos en la UBA, República
Argentina.No suministran ninguna dirección de mail, por desdicha.
Seguimos
investigando, gracias si lo publican.
Cordialmente,
y con mis mejores deseos para Navidad y Año Nuevo,
Álvaro C. Otero
Las
Divisiones