5to 5ta 60

Lista de Alumnos

ALPERIN Horacio

BATTAGLIA Rodolfo

BIEDERMAN Carlos

CAFFERATA Oscar

CARPINETTI Carlos

CELA Eugenio

DEMARTINI Luis

DURAZZO Jorge

FACILE Juan

GARCIA GUIÑAZÚ Carlos

GARCIA HEGUIZ Alejandro

GRISTIN Elias

HIRSH Carlos

IMBERT Herman

JUAREZ Eduardo

KAZIMIERSKI Bernardo

LO RUSSO Carlos

MARCUS Alberto

MARSIGLI Adolfo

MARSIGLI Eduardo

MARTESE Antonio

MARTINES Ricardo

MASETTO Rodolfo

MEDINA Fernando

MELINSKY Jorge

MILLET Mario

MOSQUERA Sergio

MUCHENIK  Jorge

NARVAEZ Eduardo

NIKOTIAN Marcos

OTERO Alvaro C.

PELUSO Jorge

PESTARINI Jorge

PETTOVELLO Rodolfo

PORRINI Anibal

PORTALUPPI Angel

RODRIGUEZ Alfonso

ROJKIN Manue

lSABORIDO Jorge

SANZ Fernando

SMIRNOFF Horacio

SPAGNOLO Juan

TORNESE Carlos

TOSCANO Luis

TRIGO Victor

VIGO Celso

VILLAR Julio

VODOVOTZ Horacio


Anécdotas e Historias que nos envió Álvaro Carlos Otero:

El 5 de agosto, sin previo aviso, dos ex alumnos que este año cumplimos nuestro cincuentenario como bachilleres caímos a eso del mediodía en Condarco y Bacacay con el propósito de realizar una visita. 
En los tiempo sen que estudiamos en el Urquiza se vivían menos complicaciones que hoy. Por la calle Bacacay (no se rían) iba un tambero trashumante con sus vacas. Entrega leche literalmente recién ordeñada en cada una de las casas de su clientela.
Fuimos recibidos por la vicerrectora, quien nos puso en manos de una profesora de Matemáticas y ex alumna de la casa, que se convirtió en nuestra guía en un tour por el colegio que no fue sólo nostalgioso. No confirmé su nombre al concluir la visita para no ser confundido con un lancero, aunque la señora estaba diez puntos. 
Comprobamos que el colegió, pese a todas las contrariedades de la educación pública en el medio siglo que pasó desde nuestra salida del Colegio ha sido objeto de inversión. Cierto, el mobiliario de hoy dista bastante del que conocimos en aquellos tiempos, que era de hierro forjado y maderas duras, pero cumple su función. Se ha construído mucho desde la estructura original, ahora hay gimnasios que hacen innecesario ir al club DAOM como en nuestros tiempos, allí en el bajo Flores, cerca del Cementerio. 
Ya no existe la reja y el portón por el que entrábamos: allí funcionan ahora la rectoría, la sala de profesores y una serie de oficinas. Hay mapoteca, biblioteca, sala de computación. En el patio hay un homenaje a una alumna muerta en ocasión de un aborto; se trata de un mural de estilo bien popular. 
Los chicos probablemente no lo comprenden a fondo por su edad, pero el Urquiza, y todos los secundarios, son una vía para el ascenso personal y social. Tanto el arquitecto Ángel Osvaldo Marco como yo estamos finalizando nuestras carreras, que han sido buenas en gran parte gracias a las herramientas que nos dio el Colegio Nacional Urquiza. 
Ese que nos recibió de vuelta muy afectuosamente el 5 de agosto de 2010, cincuenta años después, y nos puso en las mejores manos para guiarnos.
Cordialmente,

                          Álvaro Carlos Otero  (5º5ª 1960)


y otra:

La rebelión de 2do 6ta

El Urquiza había funcionado en Carabobo casi esquina José Bonifacio. Se trataba de un edificio viejo y mal mantenido, que en sus tiempos había albergado un prostíbulo o cosa de esas bajo el elegante nombre de Sans Souci. 
El edificio estaba tan en ruinas que los alumnos, aún en el gobierno de Juan Domingo Perón, salieron a la calle para protestar. Era 1955, y el gobierno afrontaba problemas serios con la Iglesia, los partidos de izquierda (que atravesaban una etapa de gran popularidad), el radicalismo y varias fuerzas más. 
Los estudiantes no tenían nada que ver con esas fuerzas, pero cometieron un acto imprudente: salir a la calle por el cambio de edificio, y después en defensa del rector del colegio, el “Oso” Viberti, un profesor de dibujo y artista muy popular entre los jóvenes. Lo habían desplazado y suspendido a raíz de las primeras manifestaciones.
Encabezados por Leonardo Gleyser (quien posteriormente hizo una brillante carrera periodística en TV) y otros los muchachos marcharon por la Avenida Carabobo hacia Rivadavia reclamando la vuelta del “Oso”. De paso reclamaban de nuevo el cambio de edificio, porque el inmueble de Carabobo y Bonifacio se estaba viniendo abajo. Carabobo estaba partida al medio por un boulevard en el que había enormes tipas, que la convertían en una hermosa avenida.
Era un edificio magnífico, con jardines por sus cuatro costados, que ocupaba un cuarto de manzana. Una ubicación privilegiada, cercana a varias líneas de tranvías. Cuando se fue el Urquiza, en el ex prostíbulo instalaron un colegio de señoritas. Vaya destino. 
Esto habrá sido en julio o agosto de 1955. En septiembre Perón fue desalojado del gobierno por un golpe militar. El rebelde Urquiza fue premiado con el traslado a un edificio originalmente preparado para una escuela primaria, el de la calle Condarco que todavía ocupa. 
Todo era para la primaria, incluyendo los pupitres. Construidos en madera dura eran fijos en inflexibles. El primer año todo anduvo más o menos bien, pero ya en el segundo se hizo evidente que era poco envase para jóvenes en crecimiento acelerado.
Otra vez en agosto comenzó el disturbio una mañana en 2º 6ª. Ante la sorpresa de los propios compañeros, los grandotes del fondo (que ciertamente pasaban todos de 1,75 para envidia de nosotros, los de más adelante que todavía no habíamos dado el estirón y que jamás llegamos a esas alturas) acumularon pedazos de algarrobo en el frente.
Al comienzo, los residuos de pupitres llegaban apenas hasta la canaleta de las tizas. 
Cuando los menos desarrollados comenzaron a aportar sus propios restos de pupitres, la cosa se puso espesa. Un profesor, un hombre de unos 40 años, dio su clase como si nada pasase. Cuando le tocó a la profesora de, digamos, Botánica, la mujer palideció, dijo que la clase no estaba en condiciones y se volvió a la sala de profesores. 
Apareció el jefe de celadores, bajito y muy gordo, un hombre como de 50 años, cuyo apellido era D’Alessio, y cuyas señas particulares eran tener constantemente en la boca un pucho de toscano “Avanti”, en aquel tiempo muy de moda entre los inmigrantes italianos que iban quedando. Había estado en el Colegio cuando la insurrección del 55, y debe haberse asustado por la posibilidad de que la cosa escalase a alturas de escándalo, como aquella vez. 
“She equivocaron, sheñores”, dijo D’Alessio indignado ante la acumulación de restos. “No she trata así la propiedad del Minishterio”. En aquel entonces la educación estaba en jurisdicción nacional. 
Romeo Pironi, que era hijo del dueño de una de las confiterías más importantes de Flores de aquel entonces, intentó explicarle con sus limitaciones de lenguaje que no se podía mantener ese equipamiento con los físicos actuales de los alumnos. D’Alessio reaccionó tomándole el pelo a Romeo, y diciéndole que tomase sus útiles y fuese a la dirección. Pironi lo tomó muy a mal, y se dejó llevar por su talante peninsular: al pasar al lado de D’Alessio con la pesada carpeta de fibra negra que servía para las diez materias del curso le dio un golpe en la cara. D’Alessio se tragó el pucho. Hubo que separarlos, porque Pironi quería seguir dándole.
No salimos en los diarios. No había canales de noticias de 24 horas, ni siquiera mandaron una cámara para ver qué pasaba. Es decir, no se hizo el escándalo que podría haberse suscitado hoy. Es más, para el colegio, su rector, nuestros padres y el resto de la sociedad, éramos culpables, sediciosos. No era  para meternos en cana, es más, teníamos razón, pero la manifestación nos costó 13 amonestaciones colectivas, que después se hicieron esta anécdota y nada más.
Nos sancionaron eliminando la división 6ª; los alumnos fuimos divididos en dos grupos: de la A de Albini hasta la M de Martínez fueron destinados a 3º 1ª, de la N de Nicotian en adelante hasta la Z de Zancanaro a 3º5ª. Dijeron que no había espacio para mantener la división. Quedaron dos grandes grupos de más de 40 alumnos cada uno.
Pero nos quedó la satisfacción de que D’Alessio se tuvo que tragar su maloliente toscano, y Romeo Pironi, con un físico parecido al del sargento García, acabó asumiendo las características de El Zorro. 


                                                                Álvaro Carlos Otero


Álvaro también nos cuenta los siguiente:

Hice una pequeña búsqueda en Internet. Los mellizos Marsigli, por lo que yo sabía, se recibieron como médicos en la UBA. 
Ahora aparecen dos Marsigli en Rocky Mount, North Carolina, uno de ellos Adolfo y el otro Eduardo. Adolfo está especializado en traumatología, ortopedia u osteología, y Eduardo en medicina del deporte. Ambos figuran en el staff del Nash General Hospital. Ambos están recibidos en la UBA, República Argentina.No suministran ninguna dirección de mail, por desdicha. 
Seguimos investigando, gracias si lo publican.
Cordialmente, y con mis mejores deseos para Navidad y Año Nuevo,


                                        Álvaro C. Otero

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