la nostalgia tiene precio

Por Ricardo Yattah

y fue don Cosme esa tarde 

quien portaba la bandera 

erguido como el mástil 

al sostén de sus manos 

su mirada de cielo y de antaños 

evocados

la figura de un patriarca . . .

el patriarca del Urquiza 

callado como un árbol 

heraldo del pasado 

y su fronda frutecida 

en don Carlos Damiano 

representó a los padres 

de todos los que fuimos 

alguna vez 

rapaces 

de jocunda correría 

“Los años melodiosos” 

escritos por don Ángel 

son tal vez la memoria 

de un siglo sepultado

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 

mis ancestros llegaron 

en el año veinticinco 

y ocuparon una casa 

allí apenas a dos cuadras 

cuando nadie imaginaba 

lo que de Abril sería 

un terreno baldío 

en una esquina oscura 

y gastaron sus pasos 

por veredas y empedrados 

cuando inocentes miraban 

el paso del tranvía 

y después . . . 

mucho después

no supe (nunca supe) 

por qué elegí esa esquina

Condarco Dos Noventa

al encarar a sabios

que serios me escrutaban 

seguro he tropezado 

con Carlos . . . es seguro

al recorrer el barrio 

de todas las florestas 

y sí . . . quiero pensar 

que alguno de los míos

conocieron a Cosme

tan siquiera en la costumbre

del saludo y el sombrero

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 

yo he nacido en la Docta

la de Arturo Capdevila

y los planos sin tiempo

confunden mis recuerdos

el patio del Liceo 

de Cosquín 

mi tierra amada . . . 

y ese timbre majestuoso

de un patio 

el del Urquiza . . .

y hoy después de tantas lluvias

y otoños olvidados

he visto a los Damiano

colegas de barriada . . . 

y recordé a ellos

maestros de renombre:

a Wirt, a don Vainer,

a Canabal, a Muse,

a Maglia, a los Ponce,

a la hermosa Caracoche 

y a Mazzei siempre sonriendo . . . 

y mis ojos contuvieron 

una lágrima rebelde . . .

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